miércoles, 25 de abril de 2018

Historias de terror (basadas en hechos reales)

Historias de terror
 basadas en hechos reales.


"lA pACIENTE"


Hace algún tiempo, hice mis residencias en el Seguro Social. Los turnos que tenía en el área de cirugía eran demasiado agobiantes y muy demandantes, había días que pasaba sin dormir y aun así me ponían a hacer cirugías a mí a otros colegas y enfermeras. La demanda de los servicios médicos era enorme y el Seguro no tenía suficiente capacidad para atender a cientos de enfermos que día a día llegaban. Recuerdo que estaba en el turno cuando me tocó operar a una señora con un caso grave de quistes en el hígado. Era una operación complicada y tenía pocas probabilidades de éxito. Y así fue, la señora no sobrevivió a la operación ya que tenía muchas complicaciones además del mal hepático, recuerdo que eran las 2 am cuando la declaramos muerta en el quirófano.
Tenía mucho agotamiento y me preparé para irme y dejar todo al turno, ya me había pasado de mi hora de salida y tendría que volver en pocas horas. Después de firmar formas y papeles me dirigí al elevador para bajar al sótano, al entrar noté que había una joven de aspecto juvenil con una de las batas azules que les dábamos a los enfermos, supuse que era una paciente, tenía un aspecto pálido y enfermo, unas ojeras negras daban cabida a un par de ojos que se sumían en las cuencas de su cara. Iba descalza y eso aunque inusual no era extraño. Así que le comencé a hacer platica.
-¿Cómo está hoy? – le pregunté con ganas de iniciar una plática.
-Bien Doctor, ¿Ya termino? – Me respondió sin mirarme
-Si, gracias a Dios ya me retiro por hoy, tuve un día complicado
-¿Tuvo una operación?
-Si, ¿Cómo lo supo?
-Por ahí anduve
-¿Ah, es enfermera o paciente?
En eso el elevador se paró súbitamente en el quinto piso y las puertas se abrieron, vi que venía alguien caminando por el pasillo para el elevador y sentí una corriente eléctrica recorrer mi espalda hasta los pies, inmediatamente toqué los botones para cerrar la puerta del elevador y aplané varias veces para que bajara; el elevador comenzó a funcionar y sentí alivio.
-¿Por qué hizo eso doctor?, esa pobre señora venia aquí –Me recriminó la joven sin mirarme a la cara.
-No me lo va a creer pero a esa señora la acabo de operar y falleció hace una media hora –Le respondí con temor y con asombro.
-muy mal, doctor –repuso la joven.
Sentí un poco de vergüenza y me comencé a sentir algo culpable; pero ¿Por qué? ¿Por no dejar bajar a un fantasma o a una alucinación por el cansancio que llevaba?.
Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando el elevador llegó al sótano y me dirigí a la salida. La joven que venía conmigo se quedó en el elevador y me miro con una mirada de reproche y tristeza. En ese momento un pensamiento me invadió. La joven también había visto a la señora ¿Cómo era posible? Yo desde hacía algún tiempo tenía algo, una condición extraña que me hacía ver cosas y sombras, a veces personas y se recrudecía cuando tenía un agotamiento extremo como el que tenía en ese momento, no me impresiono tanto, no era la primera vez, solo era ver y ya. Nunca tuve contacto con muertos o cosas así, me negaba, era un profesional de la salud y por tanto esas cosas se contraponen a mi educación.
En eso pensaba cuando me encontré con una compañera enfermera y tenia claras señales de haber llorado.
-Que paso Mariana ¿Por qué el llanto? –Pregunté con preocupación.
-Mi hermana, ingresó en la tarde por una peritonitis y tuvieron que operarla, todavía no se como esta, no sé si ya terminó la operación, por eso voy a Cirugía a ver qué me dicen
-Ah, ya voy de salida, vengo de ahí, ingresaron a una paciente hace unas horas, ¿Cómo se llama tu hermana?
-Rosaura, mira esta es su foto.
En la cartera llevaba una foto de la hermana, no puedo describir el momento en que el piso se me tambaleó y una corriente helada me recorrió de pies a cabeza: la joven era la misma con la que venía en el elevador y con la que estuve platicando, momentos antes. Quise decirle a la enfermera que la había visto; pero ¿Viva? No, ella había fallecido. Le dije que no sabía y que mejor que fuera a cirugía a preguntar, después de eso me retiré a mi casa y descansé lo que pude, al regresar algo extraño ocurrió en mí, tenía dudas. Si en realidad las personas que veía por los pasillos del nosocomio eran en realidad eso o ánimas que rondaban por ahí, sin darse cuenta que habían muerto.
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Historias de terror



Historias de terror.

Historias indie:

Sé que estás despierto


He estado aquí acostado por más de dos horas. Ya son las 5:35 AM y no hay nada que pueda hacer. ¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Estoy en el mismo cuarto que mis padres. Ellos no apartan la mirada de mí, lo único que puedo hacer es tratar de no llorar o gritar. Sus ojos están concentrados en mí, y sus bocas están completamente abiertas. Hay un fuerte hedor de sangre en el aire y estoy paralizado del miedo.

La cosa es que, en el momento de que de la señal de que ya no estoy dormido, estaré completamente jodido. Moriré, y no habrá nadie ahí para salvarme. He estado pensando en alguna manera de escapar, pero lo único que puedo hacer sería correr lo más rápido que pueda, salir de mi casa, y gritar por ayuda, esperando que mis vecinos me oigan. Es arriesgado, pero si me quedo aquí igual moriré. Está esperando que me despierte y vea su obra maestra.
Seguro te preguntaras a que me refiero, te explicaré lo que sucedió esta mañana.
Hace unas tres horas ya, escuché unos gritos que venían del otro lado de la casa, me levanté a ver qué había ocurrido, pero me dieron unas ganas repentinas de ir al baño, en vez de hacer lo que debía hacer e ir a investigar, fui al baño primero. Hubiera muerto por mi estupidez. Pero, estaba muy preocupado y salí corriendo directo a ro miré desde la puerta del baño justo después de hacer mis obligaciones. Había sangre por todo el piso. mi cuarto a esconderme bajo mis sábanas. Traté de volverme a dormir como si todo fuera un sueño muy lúcido o algo.
Luego escuché la puerta del baño abrirse. Como el niño asustadizo que soy, traté de observar desde mi cama que estaba pasando. Pude ver que algo estaba arrastrando a mis padres, muertos. Lo que los arrastraba no era humano, parecía un cavernícola, era calvo y no parecía tener ojos, caminaba encorvado como si tuviera una joroba. Esta cosa era más lista que un animal común. Estaba consciente de lo que hacía.
Recostó a mi padre a un lado de la cama, viéndome. Luego colocó a mi mamá en una silla del otro lado de la cama y la posicionó para que me observara también. Luego embarró sus garras en sangre y las frotó contra la pared, dibujando algún tipo de símbolo como si fuera su firma, para marcar lo que él llamaría una “obra maestra”. Y para terminar, escribió algo en la pared que no podía leer en la oscuridad.
Luego se situó debajo de mi cama, para atacarme en el momento en el que me despertara.
Desde entonces no he podido leer el mensaje, pero la habitación está comenzando a iluminarse por la luz del sol, siento que no debería leerlo, pero no puedo resistir el impulso de hacerlo, son sólo cuatro palabras.
“Sé que estás despierto”
Creador: es.creepypasta.wikia.com/wiki/Sé_que_estás_despierto

Creepypastas:

Señor Antero.

Cuando era niño, me aterraba la oscuridad. Aún hoy me provoca escalofríos, pero cuando tenía seis años, no había una sola noche en que no llamara a mis padres llorando, sólo para buscar al monstruo que se ocultaba bajo la cama o dentro del clóset, esperando la ocasión para devorarme.

Incluso con una lámpara de noche, veía formas oscuras moviéndose por las esquinas de la habitación o caras extrañas mirándome desde la ventana. Mis padres hacían lo posible para consolarme, diciéndome que eran sólo pesadillas o efectos raros que producía la luz, pero mi mente infantil creía que en el momento en que me quedara dormido, las cosas malvadas me atraparían.

La mayor parte del tiempo, simplemente me escondía bajo las cobijas y esperaba que el cansancio me venciera. Pero indudablemente perdía el control y corría gritando al cuarto de mis padres, despertando a mis hermanos en el proceso. Después de un episodio de esos, no había manera de que alguien pudiera volver a dormir en toda la noche.

Finalmente, después de una noche particularmente traumatizante, mis padres decidieron que ya habían tenido demasiado. Desafortunadamente para ellos, era inútil discutir con un niño de seis años y terminaron por entender que no podrían ayudarme a superar mis temores infantiles a través de la razón y la lógica. Por eso tuvieron que manejarlo con astucia.

Mi madre tuvo la idea de confeccionarme un compañero para la hora de dormir.

Ella recolectó todo tipo de retazos de tela y con ayuda de su máquina de coser, creó lo que después llamaríamos "Señor Antero". Antero era un monstruo de calcetines, según mi madre, y estaba hecho para mantenerme a salvo mientras dormía, asustando a los otros monstruos.

Honestamente, aún hoy me sigue impresionando el hecho de que mi madre pudiera idear algo tan extraño y darle una apariencia tan inquietante. Antero tenía el aspecto de la mezcla entre un gremlin y Frankenstein, con grandes ojos de botón y orejas de gato caídas. Sus bracitos y piernitas estaban hechos de un par de calcetines con franjas blancas y negras que pertenecieron a mi hermana, y la mitad verde de su cara era en realidad una calceta de soccer de mi hermano. Su cabeza podría describirse como bulbosa, y para hacer su boca, mi madre había cosido un pedazo de tela blanca y sobre él había dibujado un patrón en zigzag, formando una amplia sonrisa con colmillos afilados. Lo amé en cuanto lo vi.

Desde entonces, el señor Antero nunca se apartó de mi lado; después del atardecer, por supuesto, ya que a el no le gustaba el sol y se hubiera molestado de haber tratado de llevarlo conmigo a la escuela. Pero eso estaba bien, pues sólo lo necesitaba en la noche para alejar al coco. Así que cada noche, al llegar la hora de dormir, Antero me decía dónde se escondían los monstruos y así podía colocarlo en la sección de mi cuarto más cercana a los espantos.

Si había algo en el clóset, el señor Antero bloqueaba la puerta; si había una criatura arañando la ventana, el estaría recargado en el cristal; si había una gran bestia peluda bajo la cama, entonces iba a dar bajo la cama. A veces los monstruos ni siquiera estaban en mi habitación, se escondían en mis sueños y Antero tenía que acompañarme en mis pesadillas.

Era divertido llevar a Antero a mis sueños porque así podía pasar horas combatiendo espíritus y demonios. La mejor parte era que, en mis sueños, el podía hablarme de verdad.

Él me preguntaba — ¿Cuánto me quieres? – y yo siempre le respondía –Más que a nada en el mundo.

Una noche en un sueño, después de perder mi primer diente, me pidió un favor.

— ¿Puedes darme tu diente?
— ¿Por qué?
— Para ayudarme a matar las cosas malas

A la mañana siguiente, durante el desayuno, mi madre preguntó a dónde se había ido mi diente. Según me dijo, el ratón de los dientes no pudo encontrarlo bajo mi almohada. Cuando le dije que se lo había dado al señor Antero, ella sólo se encogió de hombros y regresó a la cocina para darle de comer a mi hermanita. Desde entonces, cada vez que perdía un diente, se lo daba a Antero. Él siempre me lo agradecía, por supuesto, y me decía cuánto me quería.

Como era de esperarse, me quedé sin dientes de leche y me volví demasiado viejo para seguir jugando con muñecos. Así que el señor Antero sólo se sentó en mi librero y fue acumulando polvo a medida que se desvanecía mi interés por él.

Sin embargo, con el tiempo, las pesadillas se volvieron peores que nunca. Eran tan terribles que comenzaban a seguirme al mundo real, volviendo terrorífica cada esquina oscura y cada ruido en los arbustos. Después de una noche particularmente mala, regresé en bicicleta de la casa de un amigo, mientras juraba que me perseguía una jauría de perros rabiosos, sólo para encontrar algo extraño esperándome en mi habitación. Allí, parado sobre mi cama, iluminado por la luz de la luna, estaba Antero. Al principio, pensé que mis ojos me estaban engañando, como lo habían estado haciendo toda la noche, así que traté de encender la luz. Activé el interruptor una y otra vez, pero la oscuridad seguía allí. Fue entonces cuando comencé a ponerme nervioso.

—Dejaste de alimentarme, así que ¿por qué debería protegerte?
— ¿Protegerme de qué?
—Déjame mostrarte.

En un parpadeo, todo había cambiado. Ya no estaba en mi habitación, estaba en algún otro lugar. No era el infierno, pero la comparación no estaba tan alejada. Era algún tipo de bosque, un lugar horrible y pesadillesco donde partes de fetos abortados colgaban de los árboles y el suelo estaba plagado de insectos carnívoros. Una ráfaga de densa niebla llenó el lugar y con ella, un olor a carne podrida, al tiempo que luces de bengala iluminaban el cielo nocturno. A la distancia, podía escuchar los gritos agonizantes de algo que no era exactamente humano. Mi cabeza palpitaba como si fuera a explotar y el dolor me hizo derramar un río de lágrimas. En mi mente, escuchaba de nuevo su voz.

—Esto es en lo que tu realidad se convertiría sin mí.
—Sentí cómo la tierra se sacudía y escuché pisadas aproximarse rápidamente.
—Soy el único que puede detenerlo.

Ahora estaba detrás de mí, sentí un gigantesco y enojado aliento que me quemó la espalda.

—Dime qué tengo que hacer y lo haré.

Desperté antes de poder darme vuelta.

Al siguiente día, registré el clóset de mis padres, encontré los dientes de leche de mi hermano y se los entregué a el señor Antero. Casi de inmediato los terrores cesaron y pude seguir, más o menos, con mi vida normal. De vez en cuando, tuve que entrar a escondidas en la habitación de mi hermanita y robar lo que debía ser para el ratón de los dientes, otras veces tuve que estrangular alguno de los gatos de mis vecinos y extraer sus puntiagudos incisivos.

Hacía cualquier cosa por mantener alejadas a las visiones, robaba desde un collar de diente de tiburón hasta un premolar cariado. También comencé a notar que Antero se movía por toda mi habitación cada vez que lo dejaba solo, cambiando mis cosas de lugar y poniendo cortinas extra. Cada vez parecía más vivo, sus dientes relucían y su tacto era cálido. Por mucho que me atemorizara, no tuve el coraje para destruirlo, sabiendo perfectamente a dónde me enviaría eso. Así que seguí recolectando dientes para el señor Antero durante toda mi etapa de bachillerato y universidad. Aprendí a temer a más cosas a media que me hacía mayor, y por consiguiente, tenía que darle más dientes a Antero para que me protegiera.

Ahora tengo 22 años, un trabajo decente, mi propio departamento y una dentadura postiza. Ha pasado casi un mes desde la última vez que el señor Antero comió y los horrores están empezando a rodearme de nuevo. Tomé una desviación al salir del trabajo y encontré a un hombre teniendo problemas con las llaves de su auto. Sus dientes estaban amarillos por toda una vida de cigarrillos y café, pero aún así, tuve que usar un martillo para sacarle las muelas.

Cuando regresé a mi departamento, él me estaba esperando en la esquina del techo, con sus ojos blancos y su boca llena de cuchillas.

— ¿Cuánto me quieres? —me pregunta
—Más que a nada en el mundo— respondo, mientras me quito el abrigo.
—Más que a nada en el mundo.

Creador: http://mlcreepypastas.blogspot.com.ar/2014/10/el-senor-antero.html

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