miércoles, 2 de mayo de 2018

Cuentos policiales

Historias policiales.

Arsénico sacerdotal




En la comisaría principal de la pequeña ciudad de Torreroca, a la detective Piñango le llegó la noticia de una muerte que había conmocionado a gran parte de la ciudad. El obispo de la Basílica Mayor de la ciudad había muerto en extrañas circunstancias.
El padre Henry era muy querido por la comunidad. Los miembros de ésta destacaban sus constantes labores altruistas en pro de la población, además de su capacidad para integrar las distintas creencias del pueblo.
La detective Piñango recibió el informe de la autopsia, que indicó que el padre Henry había muerto súbitamente, pero que no había indicios de asesinato. Este informe lo firmó la forense Montejo, reconocida profesional de gran prestigio en Torreroca.
Sin embargo, Piñango desconfiaba.
―¿Qué crees tú, González? ―preguntaba la detective a su compañero de labores.
―En efecto detective, hay algo que suena raro.
Piñango y González acordaron entonces trasladarse hasta la casa parroquial, donde residía el sacerdote. Aunque no tenían una orden judicial para entrar, los policías se entrometieron en el hogar.
―¿Qué son todas estas figuras, Piñango? ―preguntó González, incrédulo de lo que veía.
―Sin lugar a dudas, son imágenes budistas. Buda está en todas partes ― contestó.
―¿Pero el padre Henry no era católico? ― cuestionó González.
―Eso tenía entendido.
A la detective Piñango le pareció sumamente sospechosa la presencia de un pequeño frasco al lado de la cama del párroco. En el envoltorio decía que eran unas gotas de sándalo.
Piñango se llevó el frasco para analizarlo en la comisaría. Los resultados fueron inconfundibles: lo que contenía el frasco era arsénico, ¿pero quién podría haber asesinado al padre Henry? Todas las dudas recayeron en la comunidad budista de Torreroca.
Piñango y González se acercaron a la tienda de productos budistas que se encuentra diagonal a la plaza Mayor.
Cuando entraron, la dependienta se metió en la parte trasera a buscar algo, pero no regresó. Piñango se dio cuenta y salió a la calle, donde comenzó una persecución
―¡Detente! ¡No tienes escapatoria! ―gritó. En cuestión de minutos logró capturar a la encargada.
La mujer que atendía la tienda budista respondía al nombre de Clara Luisa Hernández. Rápidamente, después de su detención, confesó su crimen.
Resulta que Clara Luisa, mujer casada, mantenía una relación sentimental con el padre Henry. Éste le comunicó que ya no quería seguir con la misma y ella decidió asesinarlo.

Sólo una luz

Una luz muy fuerte me alumbra la cara. 
Es un deja vu? 
No puedo dejar de mirarla... 
Solo se que es tarde y debo llegar al trabajo. Como todos los días, mi compañero se despide después de una larga jornada y me deja la posta para que continúe atendiendo pequeñas ventas. Controlo el dinero de la caja y miro vidas pasar. Un no cliente exige dinero. Corro y un fuerte sonido perfora mis tímpanos. 
Una luz muy fuerte me alumbra la cara. Y veo las sombras de mis antepasados que vinieron a recibirme.

Historias de ficción.



Historias de ficción.

Héroe

Sabía que no había otra alternativa. Los miembros de su escuadrón estaban destruidos o en retirada. El enemigo que enfrentaba era realmente poderoso y estaba protegido por una gigantesca coraza metálica. Solo quedaba una salida.

Apuntó el morro de su caza, le exigió con toda la fuerza que sus motores podían darle y se lanzó en un último ataque.

La nave maniobra entre estallidos, descargas de plasma y pedazos de metal, restos de una orgullosa fuerza de resistencia. Con cada impacto siente que se desvía de su curso pero su determinación es inamovible.

Su caza no podía compararse en tamaño con este Leviatán tecnológico. Tampoco podía comparase con su, ya mítica, potencia de fuego, capaz de incinerar planetas ciudades completas desde el espacio. Por eso los historiadores escribirán sobre este momento, los poetas cantarán en su honor y los ancianos no permitirán los jóvenes olviden su sacrificio...

Sin embargo, él no piensa en la Gloria de la Historia. Su mente se llenó de recuerdos, recuerdos de amigos y familiares, recuerdos de momentos felices, recuerdos de amores y pasiones, recuerdos de lo que ya no existe, sus recuerdos…Lo único que este monstruo no le pudo quitar.

Lanzó un grito de guerra justo antes de estrellarse contra el puente de mando.

El gigantesco Leviatán metálico comienza a moverse erráticamente. Ante la falta de control, el fuego atómico de sus reactores se rebela y, finalmente, con el brillo de un sol desaparece.

Todos los planetas están libres…

En el Monte Palomar, dos astrónomos discuten acaloradamente mientras caminan a la salida del observatorio. El más joven sostiene unas fotografias mientras que el más viejo da muestras de un enojo mal disimulado:
- Le digo, Profesor, que algo explotó cerca de…
- ¿Lograste fotografiarlo?
- Sí, Profesor. Mire… Aquí se ve como…
- ¿Preguntaste a los otros observatorios?
- Sí, Profesor, pero ninguno reportó nada…
- Esta explosión, ¿Nos afecta de alguna forma?
- No, Profesor, lo que pasa es…
- Entonces catalógalo y mételo al archivo.
- Pero, Profesor, yo…
- Entiende que no es importante.
- ¿Qué?
- Mira: Ese sistema está a varios años-luz de aquí, es decir, lo que haya pasado, fue hace mucho, mucho tiempo en un lugar muy lejano y si no nos afecta, entonces no importa.
- Pero…
- ¡No importa! ¿Queda claro? Ya olvídalo.
Ambos salen del edificio. El más joven observa como es abandonado en el estacionamiento. Por unos minutos mira con seria expresión las fotografías para luego voltear a ver las estrellas, preguntándose si algún día llegará a saber que fué lo que pasó.




Año 3017 – Un mundo En agonía.


Ya en esta época de avanzada cuando han pasado tantos años de la expansión es muy difícil ser un minero retirado, la inutilidad que se siente una vez dejaste de trabajar en las minas de más de 24 mundos diferentes, para estar sentado en un sofá viendo la televisión es inimaginable.
Igual así quisiera no podría hacer lo que hacía antes, mi piel ya no aguanta más radiación y así me hagan transfusiones de sangre, seguramente en algún momento padecerá cáncer, las minas me han dado la fortuna de la cual hoy disfruto, pero también me han dado el cáncer que me matará.
De donde vengo los viejos salen a pasear con sus mascotas y juegan ajedrez con sus pares ahora que sí tienen tiempo de leer y de aprender a jugar ese interesante juego de guerra que tantas generaciones ha durado entre nosotros, la gente dice que el emperador juega una partida una vez va a comenzar una batalla para saber cómo, cuándo y dónde actuar, vaya que quisiera aprender.
Mis hijos me trajeron una cantidad de documentales nada espontáneos y mucho menos divertidos, pero hay uno que seguro se les coló que aunque tiene la tapa rota y parece ya no servir, me llamó la atención, tiene como título, “Cuida tu mundo o ninguno alcanzará”.
Una vez proyecto los documentales me parece extraño ya de primera cuenta a la persona que veo, usa ropa extraña y habla de forma extraña, busco el traductor y consigo al final de las opciones subtituladas algo que dice español, lo coloqué por no dejar y de inmediato salió una voz traducida mucho más acorde para mis oídos.
Mientras más veo más me intriga lo que están contando: lo que ahora llamo obra nos da cuenta de que no podemos seguir usando los planetas que encontramos sólo como objetos o lugares utilizables a nuestro antojo, si usamos unos verdes pastos para abarrotarlos todos de ganado, pronto se convertirán en tierras áridas y un planeta de por sí inevitable, obviamente están describiendo lo que le pasó a los planetas Gnzu I, Gnzu III y Anzy VI.
Luego hablan de que si vemos a un planeta muy parecido a Terra no lo habitemos de golpe solo en busca de sus recursos, sino intentemos habitar en él y cuidarlo, porque si seguimos así también lo devastaremos. Eso pasó con Terra II y Terra III, incluso con Shlo B, el planeta agua en el que la humanidad solo duró un par de generaciones por acabar con todo el oxígeno que tenía la atmósfera.
Ver todo esto me provocó levantarme y hablar con mis hijos de no seguir haciendo esto, que nos demos cuenta de lo que estamos haciendo con lo que ya tenemos y además indicarles que nadie tuvo quien lo dijera antes para así advertirnos de que si seguíamos por este camino terminaríamos mal.
Mis hijos me vieron como a un tonto y yo no entendí hasta que vi de nuevo la tapa partida del documental. Decía 2017, es decir más de 1000 años atrás.